CONSECUENCIAS DEL ESTRÉS EN EL SISTEMA DIGESTIVO

Gentileza Dra. Adriana Urdaneta, Médico internista con formación en gastroeneterología.
«Las emociones están íntimamente ligadas a esta función corporal: el estrés favorece las enfermedades de esta parte de nuestro cuerpo y estas, a su vez, perpetúan el estrés.
¿Mariposas en el estómago?
No siempre las mariposas en el estómago son un indicio de que te has enamorado. También pueden ser una señal de alarma, una luz roja que te avisa de que estás a punto de perder el control sobre alguna situación. Las mariposas en el estómago pueden provocar cosquilleo, sí, pero también, en el caso de personas con problemas digestivos, ser la avanzadilla de calambres, retortijones, sufrimiento, dolor.
En realidad, todos sabemos que existe una conexión entre nuestro estado de ánimo y nuestras “tripas”. Hemos aprendido a relacionar cuadros de estrés con nudos en el estómago o la angustia con una repentina descomposición. Expertos en psicología explican que “el tubo digestivo es nuestro segundo cerebro. Nuestras “tripas” son una importante fábrica de neurotransmisores, que son el motor de nuestro ánimo, idénticos a los del sistema nervioso central”.
Cualquier persona sana hay una asociación entre una situación puntual de estrés y un problema digestivo, es lógico concluir que si el estrés se mantiene en el tiempo, también lo harán los trastornos en la digestión.
Una amenaza continua
Ante un episodio de estrés, el organismo libera hormonas -como las catecolaminas o el cortisol- en una reacción atávica de defensa; en esa situación, las funciones de los sistemas digestivos e inmunitarios se detienen, contribuyendo a que el cuerpo se centre en la amenaza. El problema surge cuando los niveles de estas hormonas se mantienen elevados de forma continuada, cuando entramos en un cuadro de estrés crónico.

En ese caso, el organismo continúa en un estado de semiemergencia permanente que tiene consecuencias en el intestino: alteración de la microbiota, disfunción de la barrera intestinal, menor recuperación de la mucosa digestiva, disminución de las secreciones gástricas y de los movimientos peristálticos… Como indica el doctor Josh Axe en ‘Todo está en tu digestión’ (Ed. Paidós), “cuantas más hormonas de estrés segreguemos, mayor será la inflamación y mayores las probabilidades de desarrollar permeabilidad intestinal, que lleva a un aumento de las bacterias patógenas y a la proliferación de las levaduras”.
Sí, el estrés favorece determinados trastornos digestivos (por ejemplo, aumenta la producción del ácido clorhídrico, lo que perjudica el proceso digestivo y favorece la aparición de la úlcera). Pero todo es finalmente un círculo en el que se produce una retroalimentación, porque también la patología digestiva propicia el estrés. Como explica Alejandra Vallejo-Nágera, “los trastornos digestivos son una fuente de gran padecimiento para quienes los sufren, ya que limitan la posibilidad de afrontar la vida social de una forma confiada y tranquila. Produce vergüenza la urgencia de tener que ir al baño, la explosión de gases, las oscilaciones entre estreñimiento y diarrea, la distensión casi perenne del intestino, la hipersensibilidad a alimentos…”.
FUENTE (Artículo completo):  https://www.alimente.elconfidencial.com/…/estres…/

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